| EL NACIMIENTO DE FERG Estamos en 1963, en un pequeño local del centro histórico de Vic. Tres
amigos planean minuciosamente un proyecto: montar un pequeño taller metalúrgico. Tienen
lo básico: oficio, experiencia, contactos y conocimientos del sector.
Saben que pueden ofrecer algo que puede cuajar en el mercado. Y tienen lo más importante:
toneladas de ilusión. Empiezan precariamente, con recursos muy limitados: escasos medios
económicos, utillaje elemental, personal mínimo... Todos hacen de todo: de operarios, de
administrativos, de vendedores... Trabajan en condiciones duras, muchas horas al día, y
también por la noche. Y deciden dotar a su proyecto de un nombre y de una marca: FERG.
Las siglas corresponden a las letras iniciales de los socios, FERnández y Grau, pero
también a las iniciales de los valores que la empresa quiere ofrecer: F de Fiabilidad, E
de Experiencia, R de Regularidad y G de Garantía. El diseño responde a criterios
precisos y funcionales: un símbolo asociativo, tres anillas engarzadas que representan la
unión entre los tres socios-fundadores. Una tipografía compacta, clara, sin ninguna
concesión 'decorativa'. Colores básicos: el rojo del temple al fuego y el negro de la
solidez material. Y, enmarcando el conjunto, un rectángulo; la más depurada forma
geométrica.
Vista ahora, la marca no ha perdido un ápice de su fuerza identificativa. Pero lo que es
más importante: los valores que representa siguen hoy en nuestra empresa tan vigentes
como el primer día. |